Entre el cielo y la laguna está Bacalar. Este pequeño pueblo ofrece tranquilidad en cada rincón. En sus calles los aromas se mezclan, sin duda, uno de los más deliciosos es el de las marquesitas (masa tipo crepa, crujiente, enrollada, rellena de queso de bola y mermeladas); este delicioso postre es el compañero perfecto para disfrutar el atardecer en la plaza central de este Pueblo Mágico en el estado de Quintana Roo. 

Bacalar

Entre el cielo y la laguna está Bacalar. Este pequeño pueblo ofrece tranquilidad en cada rincón.

 

En sus calles los aromas se mezclan, sin duda, uno de los más deliciosos es el de las marquesitas (masa tipo crepa, crujiente, enrollada, rellena de queso de bola y mermeladas); este delicioso postre es el compañero perfecto para disfrutar el atardecer en la plaza central de este Pueblo Mágico en el estado de Quintana Roo. 

Quizás el atractivo principal de Bacalar sea su laguna, sus colores son tan hermosos que conquistan los ojos y los corazones. Azul, azul-verde y turquesa son solo algunos de los tonos de la laguna. La arena blanca y suave le suma encanto al paisaje que, dicho sea de paso, está rodeado de una selva impactante.


Sian Ka’an Bakhalal, como lo nombraron los mayas itzáes, era un punto de comercio. Los constantes ataques de piratas provocaron la construcción del fuerte de San Felipe, que en el pasado sirvió para proteger a la población y en la actualidad funciona como un museo. Otra de las maravillas de la región es el Cenote Azul. 


La maravillosa laguna, los sonidos de la selva, el encanto del pueblo, la deliciosa comida y el brillo de las estrellas hacen de Bacalar el lugar ideal para respirar paz. 

El bosque de Chapultepec es quizás uno de los parques más grandes de la Ciudad de México, y posiblemente uno de los más visitados.

 

La atmósfera que lo rodea es única. Sus árboles son testigos de muchas generaciones de niños jugando, familias conviviendo, parejas de enamorados y amigos dando un paseo. Muchos visitantes llegan cada día a este parque para disfrutar de su encanto.

Chapultepec

El bosque de Chapultepec es quizás uno de los parques más grandes de la Ciudad de México, y posiblemente uno de los más visitados.

 

La atmósfera que lo rodea es única. Sus árboles son testigos de muchas generaciones de niños jugando, familias conviviendo, parejas de enamorados y amigos dando un paseo. Muchos visitantes llegan cada día a este parque para disfrutar de su encanto.

Chapultepec está dividido en tres secciones. En su interior es posible encontrar actividades y espacios para chicos y grandes. Un día no es suficiente para entrar al zoológico, caminar alrededor de los cuatro lagos y el jardín botánico, entrar a la Casa del Lago, recorrer los ocho museos, o bien, para subir al Castillo de Chapultepec a disfrutar la hermosa vista de la ciudad. 


Los amantes del deporte y de la comida también encuentran un lugar para disfrutar en este bosque urbano. La pista atlética El Sope recibe cada año más de 1 millón de deportistas, quienes pueden usar gratuitamente la pista o los gimnasios al aire libre. Para los aficionados a las delicias gastronómicas también hay opciones, que van desde las sabrosas doraditas (tortilla dorada de masa azul con frijoles, nopales, queso y salsa) hasta los platillos del Restaurante El Lago. 

Quizás uno de los sitios más asombrosos de este parque mexicano sea el Audiorama, un recoveco de silencio y paz en medio del bullicio del parque y la ciudad. En la época prehispánica se pensaba que en este paraje se encontraba la entrada al Mictlán (acceso entre el mundo de los vivos y los muertos), sin embargo ahora es un punto de calma donde es posible escuchar música clásica mientras se disfruta de una agradable lectura o de un momento de tranquilidad.
 

Mayáhuel, diosa nahual, estuvo relacionada con el grupo de las diosas de la fecundidad y de la fertilidad; además, está asociada con los eventos que le dieron origen al maguey. 
Según uno de los mitos, los dioses querían ofrecerle a los humanos algo que los motivara a cantar y danzar. Ehécatl, el dios del aire, pensó que una bebida podría hacer felices a los hombres, por esa razón una noche fue a buscar a Mayáhuel. Ella aceptó ayudar al dios y los dos bajaron al mundo, ahí tomaron la forma de un árbol con dos ramas.

Maguey

Mayáhuel, diosa nahual, estuvo relacionada con el grupo de las diosas de la fecundidad y de la fertilidad; además, está asociada con los eventos que le dieron origen al maguey. 


Según uno de los mitos, los dioses querían ofrecerle a los humanos algo que los motivara a cantar y danzar. Ehécatl, el dios del aire, pensó que una bebida podría hacer felices a los hombres, por esa razón una noche fue a buscar a Mayáhuel. Ella aceptó ayudar al dios y los dos bajaron al mundo, ahí tomaron la forma de un árbol con dos ramas. 

Cuando la abuela de Mayáhuel despertó, se molestó mucho porque la joven no estaba, así que fue a buscarla. La abuela reconoció a Mayáhuel en la rama del árbol, la anciana junto con otras jóvenes rompieron la rama y la destrozaron. Después de que la abuela y las jóvenes se fueran, Ehécatl retomó su forma y enterró los huesos de la joven Mayáhuel. Una planta hermosa comenzó a crecer en el lugar donde estaban los huesos, esa planta se llama metl, de la que se obtienen las bebidas que han hecho tan dichosos a los hombres por mucho tiempo: el tequila, el pulque, el mezcal y otras. 
 

Pero el maguey, también conocido como agave, es tan bondadoso y diverso que no solo ha alegrado a los hombres con sus bebidas, de esa planta se obtienen alimentos, fibras textiles, combustibles, recipientes y hasta elementos para la construcción. 
 

El maguey es una planta rodeada de varios mitos, sobre todo, es una planta que ha descansado bajo el cielo mexicano por siglos. Muchas generaciones de hombres han cantado, reído y danzado gracias a sus múltiples usos. 

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El mezcal

"Para todo mal, mezcal; para todo bien, también; si no hay remedio, litro y medio”. Y es cierto, nada como el suave sabor ahumado del mezcal para calentar el espíritu.


Esta bebida de origen mexicano se produce en algunos estados como Oaxaca y Durango. Para su elaboración se utiliza un tipo de agave, resultado de la cocción de las piñas del maguey y de su posterior fermentación y destilación. El sabor final dependerá del tipo de agave, la región, el material de la barrica que usaron y el tiempo del reposado. 

Al beberlo es importante considerar que los grados de alcohol del mezcal van de los 40° a los 52°, así que a disfrutarlo con cuidado porque ¡pega duro!. Debido al calor de su sabor es mejor beberlo a tragos pequeños, de lo contrario se sentirá que la garganta se quema, por eso se dice que el mezcal “se toma a besos”. El mezcal se disfruta desde que toca los labios y entra a la boca, en donde su sabor se esparce poco a poco mientras se desliza con cariño por la garganta. Ten en cuenta que diluir el mezcal con un poco de agua ayudará a intensificar su sabor, lo mismo pasará si después de un trago de mezcal, se chupa una naranja.


La delicia del mezcal no está únicamente en su sabor, también está en sus historias. El mexcalli, palabra del náhuatl (metl, ‘maguey’ e ixcalli ‘cocido’) que significa «maguey cocido», era bebido por las clases altas en tiempos precolombinos, además lo usaban en rituales sagrados. Dice un mito que los demonios le dieron al tlacuache cigarros y mezcal para que se los llevara a los dioses, quienes los usaron para animar sus fiestas. Ese ánimo y calor trascendió el tiempo, y ahora embriaga el espíritu de aquellos que toman la bebida de los dioses.